jueves, 26 de enero de 2017

En ciertos momentos de mi vida, como nos pasa a todos, vienen a mi mente recuerdos de la infancia, unos buenos y otros no tanto, pero todos ellos aparecen motivados por una experiencia similar o por un sentimiento que llevo aparejado.

Ahora mismo mantengo vivo el recuerdo de cuando niña por algún capricho no cumplido me ponía a lloriquear y aquellos que se encargaban de mi educación se cansaban y decían: "Vas a llorar pero con motivo" y entonces mi culete acababa como un tomate y ya tenía ahí el motivo para llorar.

Claro está que era otra época, ahora esto no sería posible, pero entonces mas de una zurra de niña caprichosa me llevé, y... en estas horas vuelven a mi esos instantes porque siento que me he comportado como esa niña caprichosa que lloriquea cuando las cosas no le salen como ella espera.

¿Ahora a mi edad?...pues sí, y aunque mi comportamiento ha sido similar mis sentimientos evidentemente no, porque ahora sé que he actuado mal, ahora comprendo la necesidad de cambiar ese hábito y no lleva aparejado el enfado sino el arrepentimiento.

Que implacable es mi mente!!!... como aprovecha para mostrarme de mil y una formas cuando me equivoco y para asegurarse de que entienda que...tendrá consecuencias...unas u otras, pero las tendrá...



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