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Remisión velada

Quise gritarlo pero guardé silencio, no encontré palabra que le diera nombre y busqué con extrema ansia que mi mirada hablara del reto.
Equivoqué formas en busca de un fondo, forcé gestos por el temor de mostrarme, y el resultado que obtuve de mis errores fue alejarme del sentir anhelado.
No desfallecí porque no me fue permitido, no me rendí porque Él no lo hizo, aún tengo heridas que aguardan abiertas y sigo suplicando el perdón con sigilo.
En medio de señas de particular naturaleza, en posturas de olvidada enseñanza, con franqueza en los singulares gestos fluye la necesidad cuando no se la llama.

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