Perdida y rescatada.



En esta alocada vida que llevamos poco tiempo tenemos para pararnos y reflexionar pero hoy por circunstancias me he quedado en casa, sin apenas distracciones y ha sido el momento idóneo para que mi cabecita trajera a mi pensamiento un estado anímico en el que no hace tanto me encontraba.

Cuando superamos una etapa no solemos recordar como nos encontrábamos, los motivos que nos llevaban a estar ahí ni tampoco los que nos llevaron a salir de ella.

Hoy ha vuelto pero solo en una especie de sueño o de visión, como si estuviera viendo una película de esos instantes y he sentido que si no hubieran sucedido una serie concreta de acontecimientos podría seguir en esa etapa, esa en la que hoy aún hay mucha mucha gente, y en la que la ansiedad es la insignia a portar y la tristeza la respuesta.

Creo que ha sido muy positivo para mi reconocerme en ese instante, saber de donde vengo y ver que fui capaz de saber que quería salir de ahí y donde quería estar.

Nadie a parte de mi misma puede saber quien soy, de donde vengo y la mochila que porto. Entiendo que me juzguen porque a casi nadie me he abierto como para saber quien soy, aunque ahora el único juicio que en verdad me importa es el mío propio.

Mi Señor me ha rescatado de ese pozo, me ha tirado la cuerda para que con mi propio esfuerzo pueda salir y aunque el camino es largo poco a poco la claridad es mayor.

Me siento orgullosa de mi misma, no por ese pasado sino por los empujoncitos que me doy para subir esa cuerda, aunque pocas veces me pare a verla y aunque cuando no lo logro aun me paro a mirar la oscuridad del fondo...

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